sábado, julio 28, 2007

Hasta septiembre...




Ya he llenado dos maletas (de esas grandes y con ruedas) y todavía no sé en qué parte del maletero voy a poder meter la guitarra, o el ordenador (el portátil), que aunque me vaya lejos, me temo que el proyecto de fin de carrera, que de calle me lleva, también parece vestirse de vacaciones. Sin embargo, lo que más me preocupa es dónde llevarme las despedidas, las de Laura, por ejemplo, que todavía le quedan muchas cosas que contarme y eso que la mayoría de las veces yo le encuentro las apariencias sólo con la mirada y, entonces, ella calla para mantenerse el tipo. O las de Esther (la que mantiene el peso de su h y el de la mía, por supuesto…) que volvió el sábado de Praga y aun no me ha contado si zezé ya es su mejor amigo, porque a veces, aunque sólo sea un libro…

Lo que peor me sabe es la cara que se le va a poner a Alexis cuando vea que igual, ni nosotros cabemos en el coche…y eso que le saco más partido yo, a mis cuatro ruedas, que cualquiera de esos pilotos de la formula 1, y que me perdonen los patrocinadores, claro.

Supongo que aun siento que el verano sólo es verano si a mí me huele a mareny, y Carmina vuelve del curro y me dice que piensa mandar a sus jefes a tomar por culo, aunque luego nunca lo haga. Y si Ana se vuelve a enamorar (aunque a ella los enamoramientos le duren lo que tardo yo en escribir un verso) de un moreno uniformado, y luego se le rían las heridas cuando me lo cuente. Y de las demás, aun no sé, porque no las he visto, pero de guapas seguirán luciéndose las vacaciones, que eso es algo, que, todavía, no me he atrevido nunca a poner en duda.

Pero lo que realmente me apetece es llegar al apartamento y comerme a mi hermana en un abrazo, porque sé que ha llorado más en estas últimas semanas que en los 23 años que la conozco. Y él aun la quiere, pero como ella dice, a veces eso no es suficiente y luego suspira y me cuenta que nadie va a ser feliz por ella…y yo la creo. Así que por besos míos que no le falten y luego la regañaré, porque cada vez está más delgada y aun me fascina imaginar cómo caben 24 años de triunfos, y unos cuantos segundos de derrota, en un cuerpecito tan pequeño.


El caso de lo que cuento, si es que el lío de palabras con el que siempre acabo entre manos me lo permite, es que me voy, como a mi me gusta decirlo, de veraneo, con más pareos que trajes de noche, porque es que a mi lo que me gusta en verano es oler a playa. Me dejo muchas cosas aquí y cuando regreso, pues siempre me cuesta volverles a encontrar un hueco…

Me despido hasta septiembre, aunque luego siempre encuentre un ratillo para pasarme por estos lares y mandarles a todos un saludo y un abrazo. Porque a ustedes, a veces, también les echo de menos y eso que de tipa dura me luzco un rato, pero ya saben…



Además, ayer mientras Alexis dormía y yo no podía hacer otra cosa sino mirarle, pensé que;

después de varias semanas de reto con los versos,

una acaba encontrando la poesía

en los sueños

de otros…



Un abrazo

in-the-pendientes






like a rolling stone, creo.

dylan atándose los cordones con cara de suicidio
y un número desaconsejable de cuerdas de guitarra
que sirven de soga a falta de cuellos de camisa.

sin corbata, claro.

un así estoy yo sin ti, cada vez que tú no,
pero que sabina se tape los oídos,

por si las notas…

de reto con el proyecto de encima de la mesa,
mientras en la calle,
a punta de pistola,
los viejos sueños crean lágrimas con derechos de autor.

musas de colillas como cortinas de humo, en todos los espacios libres de.

cartas de despedida
y
libros de visitas con bordes dorados,

por si a la próxima.

tentativas con ojos de espanto si se duelen las gargantas
que, a falta de nueces, ruidos de puño en alto
y puñaladas de brazos caídos.

perdidos y subrayados,
con más tratos por acordes que por acuerdos

y aun así,

ja.

in-the-pendientes de acantilados
pero esclavos de corazón.

auto- nomos,
o
monos de feria.

coleccionistas de cicatrices en vestiduras
que,
por caraduras,

sólo a veces.

apariencias de bolsillo...



pongamos que confieso que no sé distinguir el blues del jazz,
y lo mismo me pasa con ciertas sonrisas,
y alguna que otra lágrima.

supongamos que por ser, soy más
aunque sepa menos
y
la verdad,
digo,
es que he tropezado en demasiados acantilados
que no dan tanto vértigo
como el obsceno color de sus ojos,
si es a mí a quien mira.

pongamos que te cuento que me he enamorado
más de mil veces,

y siempre de la misma persona;

que lo he visto mirar al cielo desde arriba
y luego, a mí,
por debajo de la falda.

y no hace falta que te explique todo lo que eso significa.

supongamos que hay veranos que duran más de doce meses
y minutos, que por segundos, nos hacen quedar primeros,
y que, aun así,
me cuesta mantener el equilibro ante las agujas de ciertos relojes
y me faltan barandillas a las que aferrarme
si me salto los escalones de

dos

en

dos

bonita combinación.

después de su sonrisa no me creo las mentiras
de delante del espejo

y de los sueños…

ahora me parezco a mi misma esperando que,
después de todo,

nada

en un ir y venir

que,

al parecer,

nunca llega.

lunes, julio 02, 2007

con vistas al mar...





cientos de terrazas de verano adornadas de parejas
y un sin fin de sonrisas disfrazadas de nosotros

un cartel de cerrado por vacaciones
en la puerta de todas las oportunidades de siempre
sólo que esta vez

tampoco.

un nuevo deseo de afinarme las mañanas en clave de ti,
a fin de cantarte las cuarenta estrofas
que sugieren el tacto exacto de uno sólo de tus gestos.

recuerdos en blanco y negro
que me sacan los colores,
ante el ridículo vértigo de perder el equilibrio
en la cuerda floja del extremo opuesto de tu cama.

extractos de felicidad
por entregas.

tipos de tipos
y de vidas

y un número (primo) de miradas que me hacen comprender
que llevo lo que me falta de vida
durmiendo en el patio trasero

de los sueños de otros.

y eso es duro.

muy duro.