martes, abril 22, 2008

palabras




golpeo con fuerza el acento
de las sombras que gritan

esta noche
en
este cuarto.

creo vida,
acordes de letras.

camino agachando la mirada,
doblando la esquina
de la última página
de tu ausencia.

aguantando el último trago.

los gritos de las farolas
se aferran a mis pisadas
formando muecas de colores.

y ellos gritan,
y ríen.
y algunos lloran

a veces.

mis dedos dibujan la silueta del poema,
dictan el siguiente trazo

el siguiente verso.

y sigo siendo palabras

sólo palabras

siempre

y ni siquiera a veces.

miércoles, abril 16, 2008

"El Forro" de Gsus Bonilla


Esta tarde recibí esto.

Esto. Así. En un sobre marrón con mi nombre escrito a mano y en azul marino. Me encanta mi nombre escrito a mano de otro...

Lo cierto es que todavía no lo he soltado y me apetece mucho, pero mucho, ir con él a todas partes y decirle a la gente que es de mi amigo (sí, amigo) gsus y que todos deberían tenerlo, porque, y aquí me sincero de veras, en los tiempos que corren es importante empezar a llenar las estanterías con cosas bellas.

No puedo no decir que gsus es un poeta. Ojo, no un tío que escribe poemas, de esos hay muchos, un poeta de verdad. Es uno de esos tipos a los que parece que les viene bien eso de vivir, como si todo se redujera a un “luego te llamo que ahora estoy viviendo”. Vive y, encima, luego coge las palabras y después juega, y sueña, y un poco hace magia también, para contártelo y que lo entiendas a la primera.

Siempre lo consigue.

Después lo ves bebiendo cervezas, apoyado en la barra, observando el mundo como un código secreto de palabras que podrían dibujarlo todo mucho más bonito. Dejándose los huevos en el asunto. Porque de eso se trata y ahora lo entiendo.

Así que te juro gsus, que voy a tomarme en serio todas las conversaciones que nunca hemos tenido, pero que conocemos de memoria porque nos hemos escrutado los ojos, nos hemos palpado el alma y nos ha sobrado tiempo para otra ronda.

Pa´ otro cuento.

Porque vamos a escribir nuestra jodida historia le pese a quien le pese.

Así que desde esta buhardilla a las afueras de valencia, te mando un abrazo, otro más.

PD: prometo no dejar de mirarte nunca.

miércoles, abril 02, 2008

un rato

Lo cierto es que hace días que no escribo.

Mamá lleva toda la tarde sacando brillo a los azulejos de la alhacena y pone cara de pena porque dulce chacón está muerta y es una auténtica putada.

Papá ha empezado, de nuevo, a volar helicópteros teledirigidos. Es, un poco, su forma de rozar el cielo a golpe de sueños que siempre acaban por quedarse a medias mitades de intentos de supervivencia.

Hoy conocí al chico de Rebeca, ¿sabes?, y él me reconoció la cara aunque nunca me había visto antes. Prometo decirle la próxima vez que en serio que me tomo en serio el tema familia y que mi hermana es como las canciones que nunca escribo pero que siempre bailan por mi cabeza. Te gustará, toca el bajo y tiene unos ojos preciosos que miran como que no lo saben.

Mis abuelos siguen luchando contra un mundo que cambia demasiado rápido y de eso entienden bien poco las arrugas y la posguerra.

Yo ando cansada por esta acera de incertidumbre entre dos mundos que se dan la espalda y dos vidas que se empeñan en no saberse. Esquivando las llamadas perdidas de personas a las que todavía no he encontrado. Gozando de este jodido instante de inspiración que me lleva a decirte que llevo sin decirte que te quiero demasiadas horas. Demasiados versos.

Lo cierto es que hace días que no escribo.

Las risas de los niños que juegan en la piscina se cuelan por el tejado de mi casa como una canción de Silvio Rodríguez en un día de lluvia y vuelvo al momento espejo, al instante luego.

Después.

Quizá más tarde.

Hay gatos en mi jardín cazando las vidas que siempre soñamos, convirtiéndose en esos extraños que nunca pudimos ser.

Mi pelo me empieza a quedar demasiado largo y me pongo muy princesa del guisante cuando sopla el viento y la noche tropieza con sus propios pasos.

He dejado de reconocer los nombres propios y, en eso, me parezco bastante a mi procesador de texto. Es mi forma de decir que el miedo también entiende de metáforas y de palos de ciego.

Casualidades que tuercen los tobillos intentando poner de acuerdo todos los acordes que desafinan el humo de este cigarro que se consume por momentos. Con buenos modales. Eso siempre.

Fumar puede matar, pero la vida nos mata siempre, querido.

Lo cierto es que hace días que no escribo

Y vivo un poco

Vivo un rato.