martes, agosto 11, 2009

De muecas, retazos y confesiones, supongo.

...

veo esta página en blanco y me sacude esa extraña nostalgia que a uno le entra cuando vuelve a casa.

hace un calor infernal en está buhardilla en la que me refugio por las noches y no me importa. últimamente ando algo relajada. estoy bajando la guardia, quería decir. y sé está bien así.

se está de puta madre.

me estoy convirtiendo en una especie de caja de sorpresas a prueba de sustos. camino por la calles con las manos en los bolsillos y los ojos clavados en los ojos de otra gente, de otras vidas. allá fuera hay material de sobra para ponerse a escribir poemas, pero si te lo quieres montar bien, si de veras quieres subirte a la ola, tienes que pararte a pensar un poco. esa estúpida manía de los puños cerrados siempre, no funciona. a mí no me funciona. me he pasado muchos años cabreada con el mundo y ahora lo único que me queda es una mala leche de infarto y un tremendo sabor a resaca en los labios.

me enfrenté a la vida y salí perdiendo.

joder, en realidad salí corriendo. la última hostia me dejó K.O (que no O.K, escandar).

conque, lo que yo de veras quería contarles, es que cada vez me estoy alejando más de esa chiquilla de 15 años que escribía pseudopoemas en cuartillas cuadriculadas de tres por cuarto, en las horas de recreo. los ojos se me están haciendo pequeños por momentos, y por alguna razón que no alcanzo a entender, mis manos son más feas. lo sé, porque siempre las miro mientras tecleo. ¿qué tú no?

estoy un poco en tregua con mi destino y supongo que es por eso que me aburro de no aburrirme o algo por el estilo.

sin embargo, -y he aquí el giro inesperado del relato-, a veces me sorprendo flipando de nuevo con esas cosas increíbles que a uno le esperan al girar la esquina. una mujer de más de setenta con zapatos de tacón rojo cruzando la avenida o dos crías de 14, fumándose su primer cigarrillo, escondidas en el callejón trasero de un colegio privado, para que nadie las vea.

escuchad niñas: Nadie está mirando. NUNCA-NADIE- MIRA.

siento como el tiempo me arrastra por espirales de asfalto y de momento me da por reír. de momento. luego meto la cabeza en una rutina de teléfonos que suenan, de lápices con la goma mordida, o cortados con leche natural y sacarina. ¡yo qué sé! es la vida que llevo, entiendes?

me sumerjo en las cosas estúpidas porque la realidad me sigue dando mucho miedo y, maldita sea, no sé porque siempre les cuento mis miedos. cómo si a alguien le fuera a importar un carajo la sombra de una cuneta desierta, o el aliento con olor a whisky de todo el tiempo pasado...

no me reconozco entre tanta gente.

entiendo que fue la monotonía que me pasó por encima, el bucle del día versus noche o simplemente la insoportable necesidad de cubrirme las espaldas para sentirme a salvo, lo que mató mi instinto.

esta mañana me acerque de puntillas hacia el espejo
sólo para decirme

cuánto me echo de menos.