domingo, enero 31, 2010

de camino a casa

[...]

le huele el pelo
a refrán desgastado.


a noches de mucha luna
y mucha tinta.


sonríe cuando agacha la cabeza buscando
surcos de luz



en el cielo




tiene miedo,
pero no lo sabe.


duerme en un poema
de tres estrofas
que apenas riman


y canta la única canción
que le queda en los labios
en un gesto espontaneo
de supervivencia


y ruego.


vive lejos de ninguna parte,
justo al lado de donde siempre

y justo siempre se pierde


de camino a casa.


descubrió el destino tatuado
en una vieja nube de tormenta
a las afueras del mundo


y ahora ya lo sabe;

tendrá que morir de siete vidas distintas
antes de escribir su cuento


y no le importa.

miércoles, enero 06, 2010

Cicatrices en el asfalto

[...]

vivir con la vida en los talones

como si con eso bastara.

pongamos,
fingir que lo de fingir no va con nosotros,
pillar el teclado por los huevos
y lanzar un grito de guerra
mientras las señales de humo
de un cigarrillo mal apagado
juegan al revolcón de las faltas de ortografía
y los días con demasiadas nubes.

volver a vernos pero más mayores
más viejos.
con menos cojones, digamos
aunque más valientes.

o no volver a vernos
y recrearnos en un pasado que se afila los tacones
para con ciertas pisadas.
buscar las cicatrices en el asfalto
como quien busca un tesoro
y acabar con retortijones en el estómago
y una resaca en los dedos
que te ayudan un poco a seguir escribiendo
una historia que siempre pecó
de camino equivocado.

tal vez.

utilizar en clave secreta formas impersonales
para con los poemas
y hacernos los interesantes
mientras las arrugas de la frente
lanzan puñetazos al aire
en un siglo de charco
tormenta,
y pocas luces, colega.

muy pocas luces.

bailar, como baila una madrugada de fiesta
y fuegos artificiales.
salir a la calle con esta carita de pena
y un montón de palabras en la punta de los labios
buscando besos desconocidos
luego
abrazos,

y más besos.

después,

yo qué sé,

dejar de creer que la vida sirve para algo más
que para el siguiente trago.
quitarnos la razón mientras nos quitamos la ropa
y hacer el amor
sólo para poder deshacerlo
y volver

y después...

salir al balcón de los días feos y gritar en voz alta,

muy alta:

estás jodido mundo!

¿a qué duele?

martes, octubre 20, 2009

Dilaciones en versión extendida

[...]


puede que lo que realmente me dé miedo
sea no encontrar las palabras adecuadas
para empezar el próximo poema.

o no saber acentuar el tiempo verbal
que sugiere que el futuro imperfecto de mis pisadas
es una forma alocada de pasado nostálgico
con un poco de blues
y dos hielos.

supongo que lo que sucede es que últimamente
ya no sucede nada.

decir que me lanzo a la vida impulsada
por este vacío en el estómago
que se va haciendo grande por cada silencio
que te callas
es sólo una metáfora más
que nada tiene que ver con el pie de la letra
o las huellas del pasado.

puede que sólo sea una poeta malhablada
que aprendió un par de trucos de más
en otra estrofa de otra canción
y que ahora canta por las mañanas
porque por las noches
el murmullo de las farolas
no juega limpio.

o puede que no sea eso, si no todo lo contrario.

tener vocación de rutina es una enfermedad
que no aparece en los manuales.
ese terrible encontronazo entre el personaje que deberías ser
y la persona en la que te has convertido.
un cúmulo de casualidades que no hacen sino poner
un poquito más de leña
a esta historia no apta para mayores.

el país de nunca jamás en versión extendida.

la realidad es un montaje de los espejos
y se debe soñar con los ojos abiertos
porque apartar la mirada
joder,
es cosa de cobardes y marionetas.

una canallada más de los tiempos que corren.

por eso, puede que me dé miedo
no encontrar las palabras
o las maneras
de pintar este cuento con los tonos
exactos
y que todo se convierta
en un juego oportunista
que sólo busque acaparar,
la portada de este pseudointelecto
que me va pisando los talones
a cada verso.

a cada intento.

mírame,
vuelvo a ser el mismo folio en blanco de siempre
sólo que, esta vez, ya noto como las esquinas
están empezado

a arrugarse.

miércoles, septiembre 09, 2009

colillas de medianoche

..............


ya ves,

la vida se nos vino abajo
y nosotros mirando pa´lo alto.

alto!

el mundo dispara.

arrastramos la nostalgia de una sociedad que echa de menos
echar de menos los buenos tiempos.
salimos a la calle con esta carita de pena
y siempre unas pocas copás de más,
porque si no sonríes
entiéndelo,
la fotografía no cuela.

nos traen sin cuidado las estádisticas de supervivencia
pero todos miramos mucho al cielo
cada vez que alguien grita tormenta.

tormenta!

vernos buscar entre las huellas del calendario el día perfecto
para mandar un poco al carajo este intento loco
de conseguir reconciliarnos con las sombras,
puede que sea lo mismo que pensar de pasada
que este sentimiento absurdo
de independencia y ego
no sirve para nada.

nos convertimos en los pronombres propios
de las estrofas talladas
por otros locos poetas
y nos sentimos reflejados en las rarezas de una era
que nunca nos pedirá perdón.

no tengo razón, mundo

pero tú tampoco.

así que tengo la certeza ya casi absoluta,
de que viajamos entre los folios buscándonos
entre la primera persona del singular
y la metáfora más idiota,
sólo porque no nos gusta
lo que nos dicen los espejos.

y no es triste, colega.

esta vez no es nada triste.

la vida va caminando a paso lígero
y se le vuela el sombrero al mínino soplo
de sueño posible.

no es nada nuevo,

las nubes están llenas
de colillas de soñadores.

pero eso tú ya lo sabes.

martes, agosto 11, 2009

De muecas, retazos y confesiones, supongo.

...

veo esta página en blanco y me sacude esa extraña nostalgia que a uno le entra cuando vuelve a casa.

hace un calor infernal en está buhardilla en la que me refugio por las noches y no me importa. últimamente ando algo relajada. estoy bajando la guardia, quería decir. y sé está bien así.

se está de puta madre.

me estoy convirtiendo en una especie de caja de sorpresas a prueba de sustos. camino por la calles con las manos en los bolsillos y los ojos clavados en los ojos de otra gente, de otras vidas. allá fuera hay material de sobra para ponerse a escribir poemas, pero si te lo quieres montar bien, si de veras quieres subirte a la ola, tienes que pararte a pensar un poco. esa estúpida manía de los puños cerrados siempre, no funciona. a mí no me funciona. me he pasado muchos años cabreada con el mundo y ahora lo único que me queda es una mala leche de infarto y un tremendo sabor a resaca en los labios.

me enfrenté a la vida y salí perdiendo.

joder, en realidad salí corriendo. la última hostia me dejó K.O (que no O.K, escandar).

conque, lo que yo de veras quería contarles, es que cada vez me estoy alejando más de esa chiquilla de 15 años que escribía pseudopoemas en cuartillas cuadriculadas de tres por cuarto, en las horas de recreo. los ojos se me están haciendo pequeños por momentos, y por alguna razón que no alcanzo a entender, mis manos son más feas. lo sé, porque siempre las miro mientras tecleo. ¿qué tú no?

estoy un poco en tregua con mi destino y supongo que es por eso que me aburro de no aburrirme o algo por el estilo.

sin embargo, -y he aquí el giro inesperado del relato-, a veces me sorprendo flipando de nuevo con esas cosas increíbles que a uno le esperan al girar la esquina. una mujer de más de setenta con zapatos de tacón rojo cruzando la avenida o dos crías de 14, fumándose su primer cigarrillo, escondidas en el callejón trasero de un colegio privado, para que nadie las vea.

escuchad niñas: Nadie está mirando. NUNCA-NADIE- MIRA.

siento como el tiempo me arrastra por espirales de asfalto y de momento me da por reír. de momento. luego meto la cabeza en una rutina de teléfonos que suenan, de lápices con la goma mordida, o cortados con leche natural y sacarina. ¡yo qué sé! es la vida que llevo, entiendes?

me sumerjo en las cosas estúpidas porque la realidad me sigue dando mucho miedo y, maldita sea, no sé porque siempre les cuento mis miedos. cómo si a alguien le fuera a importar un carajo la sombra de una cuneta desierta, o el aliento con olor a whisky de todo el tiempo pasado...

no me reconozco entre tanta gente.

entiendo que fue la monotonía que me pasó por encima, el bucle del día versus noche o simplemente la insoportable necesidad de cubrirme las espaldas para sentirme a salvo, lo que mató mi instinto.

esta mañana me acerque de puntillas hacia el espejo
sólo para decirme

cuánto me echo de menos.

martes, junio 23, 2009

esta tarde

...................................



la luz de la tarde se estrella contra el espejo
de este cuarto de sombras
y escupe un guiño en la ventana.

la soledad viste de canas blancas
y en un callejón del centro
unos viejos tacones
aun escriben poemas.

lo he visto miles de veces.


la música de las aceras
se eleva hasta los tejados
manchando el cielo de tinta,
y hay frases hechas en las cortinas
del baño
y ruidos de cañerías
sobre el asfalto,

esta tarde.

construyo la silueta de un edificio en llamas
y
hago fuerza para no lanzarme.

¿tú no?

sábado, mayo 23, 2009

sentido contrario

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el sonido agudo de un cuarteto de siglo
en sol menor
tarareando las estrofas del pasado
y todas las arrugas de la vida
construyendo sus tristes poemas
desde el bolsillo más oculto
de unos viejos jeans desgastados.

el destino silencioso se enciende un cigarrillo
de la forma más canalla posible
y en la televisión,
esta noche,
alguien hablaba de amor y laberintos.

lo vi con tus propios ojos.

tengo las raíces de mi historia tatuadas en los puños
y un par de cicatrices de sobra
que me impiden olvidan
que las guerras más crueles
empiezan delante del espejo.

comprendí demasiado pronto que estrellarse contra el asfalto
es la forma más bohemia de hablar de caminos y pisadas.
que de costumbre, y sin acostumbrarse, todo acaba reduciéndose
a lanzar una moneda al aire y esperar que salga cruz,
porque dar la cara, colega,
es algo de lo que todavía no soy capaz de hablarte.

soy el alter de mi alter y si te pones a pensarlo,
si de veras lo piensas bien,
toda la vida que me dicen me queda por delante
es la misma que por detrás


pero en sentido contrario.

domingo, mayo 17, 2009

Un poema de josé ángel barrueco

ASUNTOS PROPIOS

lo cierto es que mis hermanos y yo
no soportamos a nuestro progenitor

pero tampoco toleramos que alguien
ajeno lo insulte y se meta con él

los problemas familiares
los resolvemos entre nosotros

nadie nos ayudó entonces a odiarlo
y no queremos que nadie nos ayude ahora.




José Ángel Barrueco.


( de su book (junto a Javi Das) No hay camino al paraíso. Publicado por Ya lo dijo casimiro parker)